Portafolio educativo

Retomando de nuevo este blog de opinión y reflexiones de carácter profesional-educativo, añado este post para comentar una metodología didáctica que pretendo desarrollar en breve: el portafolio educativo.
Si realizamos una primera aproximación, a nivel puramente semántico, podemos asociar un portafolio a lo que más rápidamente nos viene a la mente: una carpeta, una maleta o algún tipo de elemento similar capaz de contener y transportar algún tipo de documento en su interior.
Partiendo de esta idea básica y generalizada, la intentamos trasladar al entorno educativo. Para ello nos situamos ahora en lo que denominamos portafolio educativo.
¿Cuál es el objetivo del portafolio educativo?
Si tomamos la definición que aporta wikipedia al respecto, nos encontramos con la siguiente descripción:
Selección deliberada de los trabajos de un alumno que en cierta forma nos cuenta la historia de sus esfuerzos, su progreso, y sus logros.

Analizando esto y yendo a algo más “cercano” podemos decir que es una nueva manera de contemplar el avance y la progresión de un alumno en relación a una determinada materia. Para ello se realiza una labor prolongada a lo largo de todo el curso, aportando todo un conjunto de documentos e información multimedia (videos, grabaciones de audio, imágenes,…) y utilizando medios tanto en archivos portables como en ámbito web.
Esta “recolección” de información debe reflejar como el conocimiento, habilidades, competencias y todo aquello que se necesite evaluar se va consiguiendo. Dicho de otra forma, conseguir ver como el alumno no tan solo es capaz de realizar las tareas encomendadas sino que también debe ser capaz de reflexionar sobre lo ya realizado y tomar acciones consecuentes para poder elaborar soluciones más complejas.
Esto deberá permitir al alumno el seguir avanzando en su conocimiento de la materia.
En definitiva, aunque no parece existir un objetivo más allá de la transformación de esta herramienta evaluatoria algo más compleja, si se deja entrever como un sistema que tiene gran potencial si se combina con los actuales recursos multimedia interactivos. Estos últimos son también un gran estimulo para el alumno y, por tanto, facilitadores en la realización de las tareas que podemos vincular a nuestro portafolio. Es decir, aunque pueda parecer un mero instrumento de evaluación, su potencial evidencia una nueva forma de estructurar las actividades y la forma de interacción entre el docente y el alumno.
Elaboración de evidencias

Como ya se ha comentado, el alumno debe realizar una interacción con el portafolio a través del aporte de las denominadas “evidencias”. Dichas evidencias se “transforman” en todo un rosario de tareas a realizar que implicarán la entrega y/o demostración de que se ha logrado entender, interiorizar y llevar a cabo un objetivo determinado.
La resolución y aporte de una evidencia deberá, por tanto, ser la consecuencia directa de un proceso claro de investigación, reflexión y aporte de conclusiones que desembocará en el correcto desarrollo de cada evidencia y de su posterior entrega y/o exposición.

Resumiendo, el portafolio y, en consecuencia, la elaboración de incidencias lleva parejo un trabajo de maduración conceptual para cada una de las materias y de los distintos elementos que las componen por parte del alumno.

En lo que al docente se refiere, este debe ser muy consciente de la correcta preparación y del progreso que debe llevarse a lo largo del curso en cada asignatura y con todos los conceptos que se desea valorar y conseguir.

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