La perspectiva del alumno dentro del portafolio.

Como no puede ser de otra forma, en esta herramienta/metodología que nos hallamos analizando tenemos un elemento centralizador: el alumno. Este es el responsable último de la consecución y desarrollo del objetivo final al que se enfoca todo portafolio. Él, y solo él, consigue con las aportaciones de las distintas evidencias, de carácter totalmente personal e individual, mostrar la evolución y el desarrollo del conocimiento vinculado a un tema, a una asignatura.
En mi ámbito profesional educativo, concretamente la formación profesional, los objetivos a alcanzar nos vienen muy bien marcados e incluso disponen de un nombre propio: las competencias.
Me queda, por tanto, meridianamente claro como se debe enfocar el portafolios, al menos, en mi entorno profesional más cercano. Si a ello añadimos que el Ciclo Formativo al que pertenezco es el de Sistemas Microinformáticos y Redes, el panorama queda todavía más diáfano.
Un primer acercamiento, sin llegar a profundizar mucho más, me sugiere tomar como objeto final, y logro indudable del uso y aplicación del portfolio en los módulos de mi Ciclo Formativo, precisamente la consecución demostrable de esas competencias. Evidentemente, dichas competencias son, mayoritariamente, de un carácter práctico.
La elaboración y recolección de evidencias pasa por, en este caso, colocar al alumno frente a problemas lo más reales posible, espoleándole para que investigue, desarrolle, aplique y amplíe todo aquello que ha oído, visto y palpado en el aula. A ser posible, que sea capaz de reproducirlo (montar un equipo informático, instalar Sistemas Operativos, gestionar una red, manipular aplicaciones de carácter ofimático, gráfico,…) fuera del aula, en entornos menos utópicos y más reales, afrontando posibles problemas no detectados previamente,… Todo ello, y gracias a los recursos tecnológicos multimedia al alcance de cualquiera, se transformará en la colección de evidencias que deben formar parte de su portafolio, en soportes de carácter más visual (videos, presentaciones,…). Incluso las propias evidencias son, intrínsecamente, evidencias en sí mismas, que nos aportan también información valiosa acerca de como maneja el soporte presentado el propio alumno y, por tanto, cual es su nivel de conocimiento al respecto.
En conclusión, creo que esta metodología bien aplicada puede aumentar y potenciar el desarrollo de las competencias que se solicitan como objetivo final de todo Ciclo Formativo ya que, a mi particular modo de ver, actualmente solo se dispone de la parte relativa a la Formación en Centros de Trabajo como reflejo claro sobre si realmente se ha logrado la consecución de las mismas por parte del alumno.

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